Ante una firma de aspecto vacilante, tembloroso o poco elegante, la reacción habitual es sospechar.
Pero en obra de arte la torpeza no es sinónimo siempre de falsedad, ni la soltura es garantía de autenticidad.
En este breve vídeo repaso cinco casos reales de firmas observadas al detalle y explico qué elementos conviene mirar primero: el comportamiento del material, el ductus y el tanteo inicial del trazo.
Porque, en pericia caligráfica, no basta con que una firma se parezca: lo que importa es cómo está hecha.