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En contextos de crisis reputacional o judicial, las cartas públicas cumplen una función mucho más compleja que la mera transmisión de información.

Estas cartas ya sean redactadas por uno mismo, o por un tercero, constituyen auténticos ejercicios de construcción discursiva de credibilidad.

Desde la lingüística forense, resulta especialmente interesante analizar qué mecanismos utiliza el emisor para proyectar sinceridad, humanidad y legitimidad moral ante la opinión pública.

El reciente comunicado emitido por Jonathan Andic ofrece un ejemplo especialmente relevante de este fenómeno. Más allá de la cuestión judicial —que corresponde exclusivamente a los tribunales—, el texto presenta numerosos elementos lingüísticos orientados a construir una imagen de autenticidad emocional y de inocencia subjetivamente vivida.

Uno de los primeros aspectos llamativos del texto es la apertura emocional explícita:

“Escribo estas palabras con sinceridad y humildad, desde el dolor, la impotencia y la frustración…”

Desde la pragmática forense, este tipo de formulaciones funcionan como marcadores metadiscursivos de autenticidad.

El sujeto no inicia el comunicado con datos jurídicos ni argumentos técnicos, sino situando el discurso en el plano emocional y humano.

Y desde este plano subjetivo, cabe esperar una  acumulación léxica (“dolor”, “impotencia”, “frustración”) que genera una atmósfera de vulnerabilidad  y favorece la percepción de honestidad; de hecho se emplea el término “impotencia” que proyecta una sensación de pérdida de control sobre el relato público y sobre la propia situación personal.

En esta carta, el emisor se presenta no como alguien poderoso que combate una acusación, sino como alguien emocionalmente afectado por un «un relato público» construido «con una visión parcial, descontextualizada y tergiversada, que ha generado una percepción de culpabilidad ajena a la realidadconsidera injusta».

Otro aspecto significativo es el predominio del sufrimiento subjetivo frente a la argumentación técnica.

A lo largo del comunicado prácticamente no aparecen referencias jurídicas concretas, explicaciones procesales ni tecnicismos legales. En cambio, el texto está lleno de expresiones emocionalmente marcadas: «profundamente dolorosas”, “grave, injusta e infundada acusación”, “tristeza”, “serenidad y entereza”.

El objetivo comunicativo no parece ser desmontar jurídicamente la acusación, sino reconstruir públicamente una imagen de humanidad y honorabilidad.

También resulta muy relevante la introducción de recuerdos familiares positivos: “Vivimos juntos muchos momentos felices, entrañables y llenos de cariño.”

Las referencias autobiográficas afectivas suelen incrementar la percepción de autenticidad porque desplazan el discurso desde lo abstracto hacia experiencias emocionalmente reconocibles.

En términos de análisis del discurso, el sujeto intenta activar en el lector esquemas familiares universales: afecto, duelo, memoria compartida y vínculo paterno-filial.

Sin embargo, probablemente uno de los elementos más importantes desde la lingüística forense sea la inclusión de imperfecciones familiares: “Como sucede en tantas familias, también hemos tenido momentos difíciles y complejos…”

Los discursos completamente idealizados suelen generar sospecha de artificialidad. Y esta sensación es la misma que se percibe en una conversación entre dos personas que, al cruzarse casualmente por la calle, se dicen: ¿todo bien?, sí, si, estupendo y este  estupendo suena falso.

Por tanto, la admisión parcial de conflicto incrementa la sensación de verosimilitud. El emisor reconoce dificultades, aunque inmediatamente las integra dentro de una narrativa de superación: “que superamos con gran esfuerzo, generosidad y ayuda.”

Otro elemento importante es la ausencia de agresividad extrema.

El texto evita insultos, amenazas o ataques directos contra jueces, medios o investigadores y emplea, en su lugar un: “Se ha construido…”

Se trata de una construcción de pasiva refleja con valor de impersonalización del agente.

El sujeto que “construye” el relato queda omitido deliberadamente y evita señalar directamente responsables concretos (mass media, RRSS…). Esta construcción es una estrategia que lima asperezas, rebaja tensiones y minimiza la fuerza de enemigos potenciales, porque, en definitiva, no solo hay que restaurar una imagen individual, si no también proteger la empresa.

Por esta razón, es significativa la dimensión corporativa del comunicado: “he decidido apartarme temporalmente de mi dedicación a MANGO…”

El sujeto no se presenta únicamente como acusado, sino como un directivo responsable capaz de sacrificar temporalmente su posición por el bien de la compañía y por esto, esta formulación refuerza la imagen pública de responsabilidad, madurez y autocontrol.

Finalmente, el cierre del texto resulta especialmente relevante: “la verdad acabará imponiéndose.”

Desde el punto de vista pragmático, se trata de un cierre basado en la legitimidad moral más que en la confrontación.

El emisor evita terminar con rabia o desafío y opta por una apelación abstracta a la verdad y al tiempo, dos conceptos altamente eficaces en la construcción pública de inocencia subjetiva.

La carta proyecta la imagen de una persona serena, emocionalmente contenida y con un elevado autocontrol. Asimismo, transmite cualidades como responsabilidad, lealtad familiar, capacidad de reflexión y preocupación por preservar su honorabilidad y reputación pública. El tono moderado y la ausencia de agresividad refuerzan una imagen de estabilidad, entereza y resiliencia ante la presión.

Pero este perfil de personalidad, no tiene porque responder a la realidad del firmante, porque desconocemos si esta carta la ha redactado él íntegramente  y, por tanto, desconocemos si corresponde o no con su idiolecto.

Y, en este sentido, me pregunto si el yo expresado, es el yo del espejo íntimo, o el yo del Espejo público.