Seleccionar página

Puestos a enviar un anónimo, probemos con la mano que no empleamos habitualmente para escribir -piensan algunos.

Pero quizás el tiro le puede salir por la culata quien, para ocultar su grafía, decide disimular el trazo ejecutándolo con la mano no adiestrada.

Y la escritura resultante es tan sorprendentemente torpe que el perito puede imaginarse el peor escenario para el falsificador: que lo pillen.

El grafismo escrito con la mano no adiestrada se caracteriza por una construcción inhábil, que fácilmente puede distinguirse de la construcción torpona de un niño en fase pre-caligráfica, veamos por qué.

Este tipo de grafismos conservan una correcta ocupación del espacio, respeta márgenes y mantiene un tamaño más bien reducido que grande -que es más propio de los niños-.

Los niños tratan de construir la forma, sin embargo, el escribiente con mano no adiestrada, destroza la forma, especialmente los óvalos que tienden a la arcada o al trazado filiforme.

En este tipo de escrituras también se observan:

  1. Abolladuras, torsiones y roturas en lugares ilógicos por ejemplo en el trazado de una jamba o en mitad de un óvalo.
  2. Temblores o aumento de presión (botón) especialmente en los arranques debidos a la indecisión del escribiente.
  3. Presión desplazada, es decir los perfiles se engrosan y los plenos se debilitan.
  4. Letras y palabras con finales descendentes.
  5. Variabilidad en los finales al combinar maza, ataques y acerados.
  6. Líneas  inestables o descendentes.
  7. Palabras y letras que tienden a acercarse por la dificultad que supone el levantamiento del útil.
  8. Enlaces angulosos o con puntos de unión, abundando las letras adossatas o collages.
  9. Los bordes de las letras son cerrados coincidiendo con el punto de mayor apoyo del útil.
  10. El ductus escritural general suele no coincidir con la construcción levógiro o dextrógira de los acentos o las tildes de la letra “t”.

La presencia de algunas o todas de estas características va a depender de la habilidad del escribiente y en ocasiones la labor del perito resulta complicadísima cuando quien escribe es ambidiestro. En estos casos hay que tratar de localizar particularismos gráficos coincidentes entre la escritura ejecutada con una y otra mano.