En esta segunda temporada de Correspondencia Criminal, abordamos el caso de Juan Diego Redondo Puertas, conocido como Dieguito el Malo.
Los documentos que analizamos son cartas dirigidas a los periodistas Jordi Fusté y Neus Sala.
A nivel formal, sus cartas están escritas con
- Letra grande, clara, caligráfica, cohesión ligada, ciertas florituras, inclinada a la derecha.
- El tamaño y la velocidad oscila, en unas cartas es más comedido y en otras se desborda, se precipita.
- La ocupación del espacio es invasiva, como si el papel se le quedara pequeño; sin embargo, el número de palabras no es elevado.
- Algunas faltas de ortografía, mínimas correcciones.
- La línea de base se mantiene estable lo que denota práctica escritural
- La escritura revela que quiere dar una buena imagen, de persona educada, correcta, que se rige con un cierto código de honor y que tiene mucho que contar.
A lo largo de las cartas, observamos a un hombre que necesita escribir, comunicarse, ser leído. Incluso después de largas llamadas telefónicas, vuelve a tomar papel y bolígrafo para cartearse con los periodistas. Repite temas, añade matices, insiste en hechos del pasado con un nivel de precisión casi obsesivo.
Pero cada repetición no es casual: es una forma de mantener vivo el hilo narrativo, de alimentar la intriga, de reafirmar su protagonismo.
Pero el hombre que escribe desde la prisión parece justificar sus acciones como si se tratara de un Robin Hood.
De ahí que el relato genera en el lector cierto vínculo y éste puede llegar a pensar: “qué tipo tan majo”!
Diego reivindica, busca que se haga justicia y que la sociedad no se olvide de él, y para ello va a contar con la ayuda de unos periodistas.
Las cartas no sólo son una biografía carcelaria: el autor no solo cuenta su historia, sino que controla activamente el relato, el tono, los detalles y hasta el rol de sus interlocutores, moviliza a muchas personas, resulta arrollador, nada le detiene.
Diego fue un artista de la delincuencia y, sin embargo, resulta que la unica víctima es él.
He aquí el poder manipulativo del lenguaje y el poder de la mente para construir escenarios convincentes, aunque irreales.