Descubrir al malo de la película resulta muchas veces muy fácil; habitualmente es ese lobo disfrazado de cordero, esa amiga incondicional o ese testigo tan servicial.

Pero pillar al autor de una misiva no manuscrita resulta más complicado.

Habitualmente la víctima de un acoso cibernético tiene sus sospechosos -porque todos tenemos algún que otro enemigo-.

El perito en lingüística forense le solicitará documentación de esos sospechosos, emails, mensajes de móvil, ya que las cartas manuscritas (tan útiles para un perito calígrafo) ya han desaparecido.

El informe tratará de analizar y comparar los textos dubitados ( anónimos y con cara de pocos amigos) y textos auténticos-coetáneos-homogéneos de los sospechosos.

En ocasiones el empleo de idénticas y originales expresiones será de gran ayuda para resolver ese anonimato, pero habitualmente el perito debe abordar un triple estudio:

a) Formal o superficial. Este es un análisis se refiere esencialmente a la distribución física del texto, la tipografía, la ocupación del espacio, la selección de los vocablos, la extensión, la complejidad de las oraciones etc..

b) Discursivo o textual. Este nivel de estudio  permite descubrir las reglas básicas de la organización lingüística y los instrumentos que utiliza para que el texto sea legible y tenga una unidad de estilo.

c) Pragmático o genérico. Este nivel permite estudiar la coherencia entre el contenido de lo expresado y la forma escogida para expresarlo, es decir, estudiar la finalidad con la que ha sido utilizado el lenguaje, su función comunicativa indagando sobre la intencionalidad, los objetivos, la estrategia que emplea y en que contexto se produce.

Y siempre teniendo en cuenta que la lengua tiene carácter universal e individualizador, que el significado de las palabras depende y se enriquece por el contexto y que el lenguaje es versátil e inamovible.