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Esta frase del título se encontraba escrita en un lugar visible de la casa donde vivía la víctima del llamado «Caníbal de las Ventas»: una madre asesinada por su hijo.

El relato que analizamos en Correspondencia Criminal es estremecedor, no sólo por lo que narra el propio asesino, si no por cómo lo hace,

El análisis realizado desde el punto de vista de la grafología y la lingüística forense, arrojaba el perfil de un individuo que, lejos de la supuesta esquizofrenia que arguyó su defensa en el juicio, fue capaz de manipular el cadáver de su madre y como reza la frase inicial, comérsela, poco a poco.

En la emisión de los dos capítulos dedicados a este indescriptible magnicidio, se omitieron fragmentos y situaciones por un profundo respeto a la víctima.Y en este breve artículo, también.

Sólo quiero apuntar un detalle:

La mujer se convierte en objeto, porque el único sujeto de la historia, es su propio hijo.

Llego a esta afirmación no sólo por el hecho mismo del acto delictivo sino, sencillamente, por un detalle incuestionable: en la carta que escribe desde la prisión no hay un destinatario, no hay un arrepentimiento, solo hay quejas de un YO que se siente maltratado.

Veamos qué sucede: en cualquier investigación forense el investigador rastrea no sólo  lo que hay, si no también lo que se omite.

Si por ejemplo no hay huellas o no hay rastro biológico, el investigador se plantea que es un crimen premeditado y que el agresor ha organizado previamente el crimen.

Y en esta carta NO HAY destinatario, sólo el deshaogo de un YO que busca reconstruirse y borrar su crimen.

También la víctima prácticamente desaparece del relato, habla de una «madre» impersonal o ajena a sí mismo.

LO QUE HAY: una actitud mental en la que el individuo se coloca en el centro absoluto de la experiencia, ignorando o minimizando la existencia emocional, moral o incluso física de los demás.

LO QUE HAY: una reacción infantil, de pataleta: de culpar al policía que dijo cosas que no eran ciertas, que no le leyeron sus derechos, que no le llevaron a un hospital y que el abogado -aun teniendo 2 años- no se preparó la defensa.

No busca reparar o pedir perdón a su hermano ni establecer vínculo con el otro, sino restituir una identidad personal dañada, mediante un relato exculpatorio donde:

• El autor se reivindica como lúcido, conocedor del procedimiento, con derecho a exigir.

• El autor se refugia en la figura de alguien mentalmente vulnerable, obediente y afectado por factores externos.

Esto genera un doble perfil narrativo: el hombre que sabe cómo funciona la ley y el hombre que no pudo evitar lo que hizo.

Esta ambivalencia discursiva es estratégica, y puede interpretarse como una forma de manipulación argumentativa, propia de sujetos muy centrados en sí mismos y con una actitud de no responsabilizarse de sus acciones y proyectar la culpa en terceras personas.

Y esta actitud extra punitiva es un hilo conductor en todos los documentos de asesinos que hemos analizado en esta segunda temporada del podcast.