Brujas, haberlas haylas como las meigas y fantasmas; y también, firmas fantasmas.
El cliente jura y perjura por lo más grande que no ha firmado el documento.
Nos planteamos varias hipótesis, y una de ellas es la firma estampada en un papel que le «han colado». Veamos qué hacer en estos casos.
Cuando el perito recibe un documento sospechoso, el primer nivel de análisis es puramente visual: no hace falta instrumental costoso, basta con lupa, luz rasante y método.
En primer lugar, observamos la COLOCACIÓN DE LA FIRMA, y detectamos uno de estos indicios:
· Firma colocada inusualmente alta, centrada o desplazada a la derecha, sin respetar el margen inferior habitual.
· Hueco generoso —a veces varios centímetros— entre la última línea de texto y la rúbrica.
¿Por qué importa?
La mayoría de las personas firma guiándose por referencias textuales (líneas, párrafos, pies de página). Si esas referencias no existen todavía, la mano se “pierde” en el espacio. Una firma colocada “a ojo” revela que el texto no estaba presente en el momento de la rúbrica.
A continuación, comprobamos si se produce una SUPERPOSICIÓN DE TRAZOS: observamos si el tóner se apoya encima del trazo manuscrito o si la tinta de bolígrafo cubre partículas de tóner o bien los tipos de cruces en los que se ve claramente qué capa está encima de cuál.
Esto nos permite establecer la cronología de ejecución.
Otro indicio relevante es la AUSENCIA DE ANTEFIRMA Y FECHA; en estos casos, podemos observar uno de estos indicios:
· Falta de nombre mecanografiado (“antefirma”), cargo o fecha justo debajo o al lado de la rúbrica.
· Formularios donde esos campos aparecen vacíos.
Estos datos son importantes porque los documentos formales siguen convenciones: nombre, cargo y fecha acompañan la firma. Si faltan, el redactor quizá no conocía esos datos al imprimir o simplemente olvidó insertarlos al generar el texto post-firma. Esa anomalía estructura refuerza la hipótesis de la firma en blanco.
Nos puede alertar también, EL TAMAÑO Y LA PROPORCIONALIDAD: podemos observar si una firma es desproporcionadamente grande que “domina” el folio, o minúscula y encogida en mitad del vacío. Y esto sucede porque el firmante carece de referencias y un folio desnudo genera, casi siempre, variaciones notables de tamaño respecto a firmas estampadas en documentos terminados.
Finalmente, el perito, cotejando con otras firmas indubitadas, analizará la HOMOGENEIDAD con firmas coetáneas; este análisis es fundamental porque las firmas coetáneas deben reflejar los mismos accidentes gráficos propios de la edad o enfermedad. Una firma no homogénea puede indicarnos que esa firma se estampó con anterioridad a la confección y datación del texto dubitado.