Próximamente en la segunda temporada de Correspondencia Criminal de RTVE, abordaremos el caso:El asesino del Rol.
Un joven y un menor cometieron un salvaje asesinato con una víctima de oportunidad, un hombre de 52 años que esperaba el autobús a las 4h 30 de la madrugada.
El asesino describió en seis hojas mecanografiadas el relato de lo que supuestamente sucedió.
He aquí un resumen del análisis.
El asesinato se caracteriza por su un alto grado de planificación y violencia y su descripción e el diario permite identificar estrategias discursivas, rasgos de personalidad y la evolución emocional del autor.
Uno de los aspectos más llamativos del texto es la normalización de la violencia. El asesinato es presentado como una acción cotidiana, sin carga emocional negativa. La frialdad del narrador se refleja en frases como: «No ha estado nada mal para unos principiantes, no nada mal.» Además, hay una minimización de la brutalidad del crimen, al referirse a las heridas como «heridillas superficiales», pese a describir numerosas puñaladas y actos de mutilación.
Otro recurso clave es el uso de humor negro y banalización del asesinato. El narrador ridiculiza a la víctima y enfatiza su propia superioridad, con frases como: «Qué asco de tío, tardó demasiado en morir.» Este tipo de expresiones refuerzan su desconexión emocional y su falta de empatía. Asimismo, se observa una actitud de victimismo y frustración cuando el asesinato no ocurre rápidamente: «Era espantoso lo que tarda en morir un idiota, era algo increíble.»
El perfil criminológico del autor sugiere rasgos de asesino hedonista-sádico, al obtener placer del sufrimiento de la víctima, y psicopatía narcisista, evidenciada en frases como: «Me lamenté mucho no poder verme a mí mismo o hacerme una foto.» Esto indica una preocupación por su imagen y la construcción de su identidad criminal. Además, el texto revela una distorsión de la percepción del tiempo, ya que describe el crimen como un proceso largo y tedioso, cuando en realidad duró apenas 20 minutos.
Finalmente, la relación con su cómplice muestra una dinámica de jerarquía criminal, donde el narrador toma las decisiones mientras el otro ejecuta acciones brutales. El diario no solo es un testimonio del crimen, sino también una evidencia de la evolución psicológica del autor, desde la planificación hasta la satisfacción post-crimen, consolidando su identidad como asesino sin remordimientos.
La ausencia de signos de arrepentimiento sugiere que este crimen no fue un evento aislado, sino parte de un proceso de autoconstrucción criminal, con la posibilidad de futuras agresiones.