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Ha vuelto a suceder

En un museo hay una sala dedicada al pintor catalán, Isidre Nonell.

A este artista se le conoce especialmente por la serie de Gitanas, que recogía retratos de mujeres con una vida marginal y miserable y que suscitaron cierta polémica en aquellos 1900 en adelante.

Pues bien, sitúense en la sala que conserva dibujos y cinco óleos.

Uno accede a la sala, como es habitual, por la derecha y empieza observando unos dibujos y, poco a poco, va acariciando unos óleos estampados con su firma.

He aquí algunas de ellas.

 

Al acabar el recorrido y conforme uno va saliendo de la sala, deja a su derecha un cuadro diferente al resto. Se trata de una azotea de una casa. El cuadro está datado en los años 1894-1896.

Siempre me llama la atención esos marcos colocados de tal manera que ocultan parcialmente la firma, especialmente cuando el pintor suele firmar dejando cierto margen entre el margen del lienzo y la firma.

En este cuadro sucede este “accidente” y también un hecho incuestionable: la ejecución anómala de la inicial del apellido.

El pintor firmaba con un arranque superior del primer gestro magistral y descendía, de forma que el siguiente trazo ascendente podía coincidir, o no, con el primero.

Sin embargo, la firma cuestionada, se construye de forma anómala: arranque a la izquierda, trazo magistral descendente y arcada de la consonante.

Esta anomalía pudiera deberse a varias posibilidades:

  • Asimilación de la grafía precedente, ya que el primer rasgo parece ser la inicial I del nombre,
  • A un error del pintor que se corregería como es habitual con un arrepentimiento,
  • A una firma por tanteo, en una etapa inicial
  • A la firma apócrifa de un tercero.

La experiencia del lector, sacará sus propias conclusiones.