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En el post anterior refería la doctrina clásica de la insinceridad y el disimulo no consciente que proponía Max Pulver en su libro El impulso y el crimen en la escritura. Psicólogo y escritor (1889-1952) es hijo de una época, pero también partícipe activo.

No quisiera que este post fuera un adalid del feminismo, pero permítame reprochar al maestro cierta misoginia en su libro.

El autor habla de que la criminalidad es mayoritariamente masculina, la proporción es claramente 1/5; pero, “esta circunstancia nos permite la conclusión de que las mujeres son activamente menos criminales, pero no la de que su mentalidad sea menos asocial”.

También Pulver  sostiene que la mujer y el hombre tienen “los mismos defectos fundamentales: voluntad débil, falta de claridad en la esfera del juicio, temor al trabajo, egoísmo, aprecio exagerado de sí mismo, sobre todo en el deseo de figurar, y amplios impulsos de dominación”.

Sin embargo, juzguen ustedes mismos.

(Refiriéndose a las mujeres y en el capitulo: La mentira y la criminalidad, pág. 248)

Como destacan poco en la vida pública y saben disimular, especialmente en el aspecto sexual, suelen sus acciones quedar escondidas. Esto vale igualmente para su influencia sobre los demás. Con esto no queremos decir que sus actos tengan menos eficacia.

Nuestros estados no son sólo estados de hombres por regir el derecho paterno, sino también porque la mujer está excluida de la conciencia pública y domina más el campo de los bastidores de la vida pública y privada.

Considerando las fuentes criminogénicas del carácter, la  mujer posee casi todas las insinceridades enunciadas hasta ahora.

El sexo débil desarrolla, como los niños, todos los métodos del disimulo.

Como en la mayoría de los casos no puede liberarse con medios brutales ni por la iniciativa propia, emplea los rodeos, que forman el arma de los débiles: mimetismo, disimulo, astucia, intriga, invenciones y engaños que tienen en ella una raíz similar a la del niño.

Su mentira lleva un colorido ingenuo e instintivo.

En algunas se componen las redes de la mentira de rechazos y resentimientos, En otras interviene la fantasía y el contenido de la vida llega a la novela en la mujer histérica.

 

Dixit.