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En una plaza de Barcelona, alguien con un gran sentido del humor, estampó este graffiti que se ha convertido en un destino clásico entre los turistas.

La frasecita es simpática y las madres, al leerla, nos identificamos con su mensaje tranquilizador.

Pero si yo fuera la madre de esa criatura que estampó ese graffiti…no estaría tan tranquila.

Desde el punto de vista de la grafología podemos añadir algunas puntualizaciones a esa pretendida felicidad del hijo.

Volvamos a ver el mensaje, y esta vez con la lupa de un grafólogo.

Escritura en mayúscula, trazado denso, fuerte, legible, proporcionado y regular en todos los géneros gráficos. Un 10!.

La madre de este grafitero puede estar contenta.

Marcamos la línea de base en color rojo: las letras podrían ajustarse a la línea horizontal de los ladrillos de la fachada y parece que así lo pretende el grafitero, pero no lo consigue.

Sin embargo lejos de penalizar que estas letras “bailen sobre la línea de base” lo aplaudo, porque la rigidez, incluso en la dirección de las letras, es siempre mala, malísima y sí, sí sería motivo de preocupación para  la madre.

 

La reafirmación personal se observa en ese punto y final tan marcado y en el punto de la I. Vamos bien. Tranquila, mamá….

Hasta aquí, parece que todo está en orden ¿verdad? y la madre podría estar orgulloso de su hijo.

 

Sin embargo, hay mucha madre en esta escritura.

A ciertas edades, las madres sobramos un poquito .

El desapego y el testete del hijo es natural y necesario para el desarrollo de su madurez y de su autonomía.

 

La dependencia emocional hacia una madre, como ya decía Max Pulver, se observa en la escritura en la manera cómo se ocupa la zona izquierda del papel y en los rasgos regresivos; rasgos señalados en nuestro mensaje con los círculos verdes. Y haberlos, haylos, como las meigas…

 

Pero lo que más me llama la atención es la irregularidad en la altura de las letras.

La interpretación del tamaño tiene que ver con la confianza con la que uno se muestra al mundo.

Con introversión, discreción o inseguridad que se ven reflejadas en la letra pequeña o con un sentimiento ajustado de la realidad y de uno mismo y, por tanto, con un nivel de confianza óptimo, que se ven reflejados en la regularidad y tamaño medio de la escritura.

Veamos las letras señaladas en color azul.

Letras rebajadas, encogidas. Uff…¿qué pasó?

Quizás nuestro grafitero no esté tan bien o quizás esté más pendiente de contentar a su madre que a sí mismo.

 

Y si este mensaje es una broma, querido grafitero, la próxima vez que quieras estampar uno…me invitas a un café y lo comentamos.