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Decir que en gran parte de los mensajes de móvil se observa violencia y agresividad en el lenguaje, puede resultar un tanto exagerado. Pero la violencia, es como todo, admite grados.

En un primer nivel, de violencia 0, el emisor se aproxima al receptor con afecto, educación y cortesía.

Dicen algunos que la cortesía es propia de otra época y prescindir de ella es sinónimo de progreso en las relaciones interpersonales ya que se derrumban las barreras que impiden un trato natural e igualitario. Esto supone que las fórmulas de cortesía queden reservadas a un ámbito manuscrito y epistolar.

Lo cierto es que habitualmente nos desenvolvemos con un nivel afectivo o de proximidad con el uso de expresiones como muestras de afecto, cordialidad, amabilidad o amigabilidad. Veamos algunas fórmulas: saludo cariñoso, uso de emoticonos que reflejen proximidad, familiaridad y cariño, expresiones coloquiales, chistes o bromas de buen gusto, intervención alternada de ambos interlocutores,  confidencias, halagos y fórmulas de despedida respetuosas o cariñosas.

Sin embargo, existe también un estilo de comunicación que manifiesta un acercamiento indirecto del emisor hacia el receptor; en su valoración entra en juego un componente subjetivo, en el que el receptor puede interpretar de distinta manera un comentario o una broma del interlocutor, porque no todas las bromas son bromistas.

En este nivel de comunicación expresiva de cariz subjetivo, también hay niveles:

a) Sutileza, que es aquel comentario acertado, perspicaz, ingenioso pero no molesto, por ejemplo: “Me pregunto si puedes aprender a hacer esto fácilmente”.

b) Proposición. De entrada resulta inocua, pero hay que ver en qué contexto se propone, la vinculación entre los interlocutores, las posibles consecuencias, los medios que deberían emplearse etc.

c) Pretensión. En ocasiones esa proposición puede ir más lejos. Lo que en principio es una propuesta razonable, pasa a ser algo desproporcionado, porque, por ejemplo, beneficia solo a una parte, porque puede acarrear, a la larga, consecuencias negativas, porque el receptor puede sentirse molesto.

d) Broma desacertada.

e) Insinuación. La comunicación puede ser sibilina y velada, especialmente si la acompañamos con lenguaje corporal; se puede insinuar algo es decir dar a entender algo o apuntarlo ligeramente. En apariencia esas palabras no deberían ser ofensivas, sin embargo, si el emisor conoce al receptor puede estar jugando con sus sentimientos y puede herir su sensibilidad.

f) Ironías o juegos de palabras.

g) Provocación. Provocar entraña una intencionalidad clara por enojar al interlocutor, ya sea con un lenguaje directo o indirecto.

h) Interrogación retórica con el propósito no de esperar una respuesta, sino para dar más fuerza al pensamiento. Pero lo que puede ser una pregunta inocente puede sembrar dudas, cuestionar hechos o enjuiciar y por tanto esa pregunta -que resulta capciosa- acarrea consecuencias negativas en las relaciones interpersonales