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La ley salvaguarda el orden público y es coercitiva, pero también desanima a quienes les va la picaresca, como en el caso de la apropiación indebida de un texto ajeno, es decir, del plagio.

En ocasiones hay clientes que acuden al despacho para resolver un conflicto: alguien les ha robado “su idea”. 

Y es como echarles un jarro de agua fría cuando les comentamos que las ideas no son protegibles, sólo la expresión de las mismas.

¿Qué dice la ley?

“La propiedad intelectual protege las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas en cualquier medio, tales como libros, escritos, composiciones musicales, obras dramáticas, coreografías, obras audiovisuales, esculturas, obras pictóricas, planos, maquetas, mapas, fotografías, programas de ordenador y bases de datos. También protege las interpretaciones artísticas, los fonogramas, las grabaciones audiovisuales y las emisiones de radiodifusión”

 

pero

“Las creaciones científicas no son objeto de propiedad intelectual por razón de contenido -ideas, procedimiento, sistema, métodos operativos, conceptos, principios,   descubrimientos -ni de la formación o experiencia de quienes la realizan, impulsan   o de los esfuerzos de quienes las financian, si no sólo por la forma literaria o artística de su expresión “

Por tanto, quedan excluidos de la protección de la propiedad intelectual las ideas y procedimientos, aunque no la expresión de los mismos.

Veamos un caso: imaginemos un libro de matemáticas y el apartado de aritmética básica. El concepto de suma o la manera de resolver las divisiones con decimales no son objeto de plagio, sin embargo, puede darse un caso de plagio cuando el plagiador emplea las mismas cifras o ejemplos de otro libro de matemáticas, sin hacer mención a esta fuente.

En estos casos el perito en lingüística forense sí que puede intervenir para estudiar el alcance  o el tipo de plagio.