Hoy 3 de junio se publica en la prensa esta carta escrita por un chico de 14 años. Su autor, con síndrome de Asperger, fue engañado por un tal “Oscar” de 56 años que abusó de él sexualmente. El joven colaboró con la policía en la detención y agradecido, muy agradecido, escribió esta carta.

A nivel grafológico ese sumo cuidado en la ortografía, asignatura pendiente en los colegios y esos dibujos tan amorosos, revelan  ingenuidad, inteligencia, cuidado, afectividad un tanto inmadura y ganas de complacer.

Pero esta carta es un claro ejemplo de causas endógenas modificadoras del grafismo: el joven empieza a escribir muy nervioso, alterado e incluso asustado. Probablemente ese toparse de nuevo con sus recuerdos le provoca ansiedad y perturba su estado de ánimo.

Pero escribir una mala experiencia resulta una experiencia liberadora. De ahí que escribir un diario personal  donde se vuelcan momentos, deseos y sueños resulta una buena terapia y una excelente herramienta para el autoconocimiento.

Este joven empieza a escribir nervioso y este nerviosismo se observa en: cerrojillos, mayor inestabilidad en la línea de base,  chimeneas, aumento de acerados y sacudidas y sobre todo letras repasadas, muy repasadas.

Las últimas 12 líneas, sin embargo, están impecables.

Por esta razón al analizar un documento anónimo conviene ir al final del escrito porque el autor se relaja, libera la tensión inicial, y escribe, ya sea de forma manuscrita o digital, tal cual es, dejando  que fluyan sus particularismos gráficos, gestos propios que individualizan la escritura y por tanto facilitan la identificación del autor.